SÍNDROME DEL BEBÉ SACUDIDO, una respuesta de la dr.ª Waney Squier

Escrito por sabersobresbs 28-06-2016 en dudas sobre el sbs. Comentarios (0)

La drª. Waney Squier responde a un reciente artículo in Family Law Week.


El 25 de febrero de 2010, Family Law Week publicó un artículo de John Tughan que se refería a la sentencia en Re S [2009] EWHC 2115. Hemos recibido una carta de la dr.ª Waney Squier, que es mencionada en el artículo y la sentencia.

La drª. Squier se ha ofrecido a escribir un artículo sobre este tema. Los editores de Family Law Week no consideran que éste sea un foro apropiado para discutir asuntos de desacuerdo médico complejo. En su lugar publicamos la siguiente carta de la dr.ª Squier. La propia Family Law Week no mantiene opiniones en asuntos de peritaje médico, y por tanto las opiniones expresadas son las de la dr.ª Squier.


Departamento de Neuropatología

Nivel Uno Ala Oeste

Hospital John Radcliffe

Oxford 0X2 6QY


9 de abril de 2010

Muy señor mío,

En febrero de 2010 Family Law Week publicó un análisis por el señor Tughan de la sentencia de la señora JK in Re S [2009] EWHC 2115. (Family Law Week: febrero del 2010). Agradezco la oportunidad de responder.

Las observaciones del Dr. Al-Sarraj citadas en el artículo son a la vez inexactas y poco representativas.

Yo no creo que hipoxia por sí sola cause derrame subdural tan como he señalado en numerosas ocasiones, tanto en informes para los Tribunales como en mis publicaciones académicas; es un poco más complicado que eso. Me plantearon eso durante el juicio; mi respuesta fue que yo nunca he declarado eso y no creo eso.

Estos asuntos son con mucho demasiado serios como para ser cuestiones de fe; la opinión médica no debe basarse en creencias, sino en observación empírica y revisada por otros expertos, evidencia objetiva, científica.

Es una cuestión de evidencia objetiva que los vasos sanguíneos de la duramadre infantil son inmaduros y mucho más extensos que en la vida posterior.

Es una cuestión de evidencia objetiva que la hemorragia dentro de la duramadre del joven niño es común.

Es una cuestión de evidencia objetiva que el bebé enfermo, hipóxico con ventilación puede desarrollar una coagulación sanguínea deteriorada. Esto predispone a, o exacerba, la hemorragia.


Sólo considerando la totalidad de la evidencia y la altamente compleja fisiopatología específica del joven cerebro infantil y su riego sanguíneo se puede alcanzar una opinión válida.

Fundamental en tantos de estos casos, y tan frecuentemente trivializado, es un prolongado período de hipoxia con reanimación posterior y edema cerebral. Son estas características las que distinguen a los bebés con la “tríada” (hemorragia retinal y subdural y encefalopatía) del síndrome de muerte súbita del lactante. Un estudio presentado el último mes a la American Academy of Forensic Science indica que ésos son los factores críticos asociados con hemorragia retinal. No se ha emprendido el mismo estudio con respecto a hemorragia subdural, si bien estudios multicéntricos, comparando parada cardíaca intrahospitalaria con extrahospitalaria, han confirmado los efectos devastadores sobre el cerebro de un colapso prolongado seguido de reanimación.

También discuto la afirmación de que yo soy la única de 40-44 neuropatólogos en este país que mantienen esa creencia. No sólo, como he indicado arriba, no sostengo esa creencia, sino que la estadística es engañosa. Que yo sepa, sólo hay 5 neuropatólogos que participen regularmente en el estudio del cerebro infantil en escenarios forenses: esto se refleja en su asistencia a un encuentro en el Colegio de Patólogos en Diciembre de 2009. Entre estos 5 sólo dos de nosotros dedicamos una parte significante de nuestra práctica diagnóstica diaria al estudio de cerebros de bebés muertos dentro de todo el espectro de enfermedades naturales. Esta ha sido mi práctica principal durante 30 años. Los demás no poseen tal experiencia diaria. Estaba claro desde el encuentro en el Colegio que existe una considerable divergencia de opinión y que yo no estoy en absoluto sola en mis opiniones. Los otros más o menos 35 neuropatólogos no han sido encuestados, que yo sepa, ni tendrían una experiencia suficiente en lesión cerebral pediátrica y la literatura en veloz desarrollo como para formarse una opinión objetiva.

Se me acusa de aferrarme a una hipótesis; por el contrario mis criterios, compartidos por cientos a lo largo del mundo, continúan evolucionando. Están basados en la incontrovertible evidencia proporcionada por el tejido que veo diariamente en los portaobjetos del miscroscopio y formada por investigación y examen crítico de la literatura científica. Lo que es asombroso es que la “opinión médica general” ha permanecido justo eso, opinión; apoyada no por evidencia sino por cuarenta años de repetición.

La sacudida como causa de hemorragia subdural no ha sido apoyada por investigación biomécanica; ya en 1988 Duhaime escribió ““síndrome de bebé sacudido” es un nombre inapropiado, implicando un mecanismo de lesión que no responde mecánicamente a los resultados radiográficos o patológicos”. Es inconsistente con la anatomía de la cabeza infantil y, a pesar de una estimación de 70.000 casos diagnosticados en el Reino Unido y E.E.U.U., nunca se ha presenciado independientemente que cause el colapso de un bebé previamente sano. El sostén principal de la hipótesis es la prueba por confesión.

Si no es sacudida, entonces debe considerarse el impacto. Si no hay evidencia de impacto o violencia (autopsia significa ver por uno mismo), entonces esta consideración deber ser clasificada, pragmáticamente, con todos las otras causas posibles de colapso y de acuerdo a los hechos del caso concreto.

Cualquier intento de los tribunales para simplificar estos asuntos llevará a malentendidos. Las dificultades de presentar evidencia científica en los tribunales han sido discutidas por Tuerckheimer, que subraya “las tensiones que prosperan cuando ciencia y justicia penal se encuentran” y expresamente que “Porque está totalmente construido por y depende de peritaje médico, el Síndrome del Bebé Sacudido (SBS) plantea de una forma cruda los problemas que surgen cuando la ciencia deja atrás a la ley...”

Se han hecho avances en la última década. Hoy en día, como el señor Tughan observa correctamente, la “tríada” ya no se acepta como diagnóstico de lesión no accidental sino que es considerada en su lugar “como una mera hipótesis.” La jueza King está igualmente en lo cierto al reconocer que todavía no conocemos todo el abanico de causas naturales y accidentales para la tríada.

Mientras tanto, continuaré esforzándome por “lanzar luz en rincones que estaban... oscuros.”

Si los abogados son reacios a cuestionar una opinión que sólo está convalidada por repetición, o a profundizar bajo los temas legales y explorar la ciencia, entonces habrá errores judiciales. Y las lanzas y flechas seguirán apuntando a los mensajeros.


Se despide atentamente

Drª. Waney Squier

Neuropatóloga especialista